Escola de Redes

CASTELLS: "Sin internet esta revolución concreta no se hubiera producido"

Anatomía de una revolución

No fue una revolución por internet, pero sin internet esta revolución no se hubiera producido

Artículos | La Vanguardia.es 19/02/2011 - 12:27h

Si quieres liberar a la sociedad dale internet”, dijo Wael Ganim, el más popular de los que iniciaron las protestas egipcias en Facebook. El Baradei identifica a jóvenes en las redes sociales como actores principales de la revolución. La realidad es más complicada. Y entender esa complejidad es esencial para caracterizar la primera gran revolución del siglo XXI, portadora de gérmenes de cambio al tiempo que muestra las raíces perennes de las revueltas: explotación, humillación y violencia. Tal vez todo empezó el 6 de abril del 2008 en El Mahalla el Kubra, ciudad obrera en el norte del país donde decenas de miles de trabajadores del textil fueron a la huelga, se manifestaron y ocuparon la ciudad hasta que fueron disueltos a tiros. Ahí surgió el movimiento juvenil del 6 de Abril, activo convocante por internet de las movilizaciones recientes.

 

Estimulado por la revolución tunecina, uno de esos activistas, Asmar Mafhuz, colgó un vídeo en YouTube el 24 de enero y sus compañeros distribuyeron miles de octavillas en barrios pobres de El Cairo llamando a manifestarse. Simultáneamente, Ganim, un joven ejecutivo de Google, creó un grupo en Facebook llamado Todos somos Jalid Said, el joven de Alejandría al que en junio del 2010 la policía asesinó a golpes en un cibercafé por colgar un vídeo mostrando a policías intercambiando drogas. Pronto tuvo 70.000 amigos . En Facebook y en Twitter se encontraron veteranos de la lucha contra la represión y miles de jóvenes indignados por la injusticia e inspirados por Túnez. Los jóvenes se comunicaron por sus medios habituales, internet y móviles. Pero pensando conquistar la calle con lemas copiados de Túnez: “Fuera el régimen”, seguido de “Túnez es la solución”, versión opuesta al tradicional “el islam es la solución”. Un movimiento espontáneo, poco islamista, sin líderes y mayoritariamente joven. En un contexto de luchas sociales y oposición política hasta entonces contenidas por la represión.

 

No fue una revolución por internet. Pero sin internet esta revolución concreta no se hubiera producido. Por internet llegaron las imágenes e informaciones de Túnez. Y las redes sociales fueron la plataforma de movilización, de coordinación, de solidaridad y de popularización del objetivo de acabar con Mubarak. Se pasó inmediatamente del ciberespacio al espacio urbano. Una vez en la plaza Tahrir, y en muchos otros espacios que se ocuparon en Alejandría, Suez y otras ciudades, se generó una dinámica de autoorganización, sin estructura previa, que se fue formando en la solidaridad ante el peligro y en la supervivencia diaria.

 

Se construyeron duchas y retretes, se organizó el aprovisionamiento, se prepararon defensas y se crearon canales de comunicación entre la multitud y con el mundo. Esa horizontalidad de los concentrados, que rememora las barricadas de las revoluciones del pasado, permitió soslayar diferencias ideológicas, religiosas, de sexo, de edad y de clase, fundidas en un solo grito por la libertad y en la determinación de morir por ella si era necesario. Fue esencial la participación de mujeres con sus niños, anclando la lucha en una resistencia no violenta que no consiguieron doblegar las cargas policiales y gangsteriles. Es más, la ocupación de un espacio público simbólico permitió a los medios de comunicación internacionales una cobertura informativa espectacular y continua, poniendo al mundo por testigo y mostrando a los revolucionarios su propia fuerza a través de canales por satélite en árabe, Al Yazira en particular. Los medios de comunicación y las redes por internet se conectaron entre ellos, tanto en la información que recibían de los manifestantes como en la difusión de informaciones e imágenes de los medios por Twitter y móviles.

 

Y cuando el régimen intentó interrumpir la comunicación libre que alimentaba el movimiento, se dio una verdadera batalla por la comunicación que está llena de lecciones para el futuro de la relación entre comunicación y poder. Porque Mubarak no se detuvo ante nada. Por primera vez en la historia, intentó la gran desconexión, el cierre total de internet y las redes móviles y la recepción de satélite. Por otro lado, utilizó la violencia para intimidar y someter a los periodistas. Y falló. La gran desconexión no funcionó: no fue tecnológicamente posible porque se usaron canales alternativos como la red Tor; porque las líneas de teléfono fijo conectaron por módem con el extranjero y de allí con Egipto, con ayuda de Google, Twitter y otros, mediante Twitter, fax y radio de onda corta; porque las pérdidas económicas de la incomunicación eran insostenibles, y porque el país dejó de funcionar.

 

Por su parte, los periodistas reaccionaron con extraordinario coraje y mantuvieron la información, incluso elevando el tono de su crítica al régimen. Significativo fue en EE.UU. que un Anderson Cooper, cabeza visible de CNN, salió tan indignado de lo que vio y de los golpes que recibió que transformó CNN en plataforma de denuncia de Mubarak y de crítica a la timidez de Obama, algo que fue determinante en el cambio de actitud de la Administración estadounidense. Este cambio desempeñó un papel clave en la intervención del ejército para destituir a Mubarak y abrir una transición democrática.

 

El ejército fue factor determinante, pero sólo porque la revuelta popular, pacífica y legítima, sin tonos islamistas ni liderazgo político, creó una situación en la que sólo una represión masiva y sangrienta podía contener el cambio. Una represión de ese nivel chocaba directamente con la petición expresa de Obama de que no se usara la violencia. Gates se lo repitió varias veces al general Hafez Enan, jefe del Estado Mayor y su hombre en Egipto, consciente de los 1.200 millones de dólares anuales que reciben.Y por otro lado, los mandos más jóvenes no hubieran seguido a la corrupta cúpula militar, que desde el control de la situación aún piensa en manipular la transición en su interés. Pero lo decisivo fue que los ciudadanos, empezando por algunos valientes, vencieron el miedo. Y esa conquista se produjo en las múltiples redes de comunicación, en internet y en la calle, en las que construyeron y sintieron su comunidad.



Anatomia de uma revolução

Manuel Castells, La Vanguardia, 19/02/11

Não foi uma revolução na internet, mas sem internet esta revolução não teria ocorrido

“Se você quer libertar a sociedade dê-lhe internet”, disse Wael Ganim, o mais popular dos que começaram os protestos egípcios no Facebook. El Baradei identifica os jovens nas redes sociais como atores principais da revolução. A realidade é mais complicada. E entender essa complexidade é essencial para caracterizar a primeira grande revolução do século XXI, portadora de sementes de mudança ao mesmo tempo em que mostra as raízes perenes das revoltas: exploração, humilhação e violência. Talvez tudo tenha começado em 6 de abril de 2008 em El Mahalla el Kubra, cidade operária no norte do país, onde dezenas de milhares de trabalhadores têxteis entraram em greve, fizeram manifestações e ocuparam a cidade até serem dispersados a tiros. Ali surgiu o movimento da juventude de 6 de abril, atuante na convocação pela internet das recentes manifestações.

Estimulado pela revolução na Tunísia, um desses ativistas, Asmar Mafhuz, postou um vídeo no YouTube em 24 de janeiro e seus colegas distribuíram milhares de panfletos em bairros pobres do Cairo chamando a se manifestar. Simultaneamente, Ganim, um jovem executivo do Google, criou um grupo no Facebook chamado Todo somos Jalid Khalid, o jovem de Alexandria que em junho de 2010 foi espancado pela polícia até a morte num cibercafé por subir um vídeo mostrando a polícia traficando drogas. Ele logo teve 70.000 amigos. No Facebook e Twitter encontraram-se veteranos da luta contra a repressão e milhares de jovens indignados com a injustiça e inspirado por Túnis. Os jovens se comunicaram por seus meios habituais, internet e celular. Mas pensando em ganhar as ruas com copiados da Tunísia: “Fora o regime”, seguido por “A Tunísia é a solução,” em oposição à versão tradicional “O Islã é a solução.” Um movimento espontâneo, pouco islâmico, sem líderes e majoritariamente jovem. Num contexto de lutas sociais e oposição, até então contido pela repressão.

Não foi uma revolução pela Internet. Mas sem a internet esta revolução concreta não teria ocorrido. Pela internet chegaram as imagens e informações de Túnis. E as redes sociais foram a plataforma de mobilização, de coordenação, de solidariedade e de popularização do objetivo de acabar com Mubarak. Logo se passou do ciberespaço para o espaço urbano. Uma vez na praça Tahrir, e em muitos outros espaços que foram ocupados na Alexandria, Suez e outras cidades, gerou-se uma dinâmica de auto-organização, sem estrutura prévia, que foi formado na solidariedade diante do perigo e na sobrevivência diária.

Construíram chuveiros e latrinas, organizaram provisões, prepararam defesas e estabeleceram canais de comunicação entre a multidão e com o mundo. Esta horizontalidade dos concentrados, que lembra as barricadas das revoluções do passado, permitiu contornar as diferenças ideológicas, religião, de sexo, idade e de classe, fundidas num só grito de liberdade e na determinação de morrer por ela se fosse preciso. Foi fundamental a participação das mulheres com seus filhos, fixando a luta numa resistência não-violenta que os ataques da polícia e de provocadores não conseguiram quebrar. Além disso, a ocupação de um espaço público simbólico permitiu à mídia internacional uma cobertura informativa espetacular e contínua, fazendo o mundo de testemunha e mostrando aos revolucionária siua própria força por meio de canais via satélite em árabe, Al Jazeera em especial. Os meios de comunicação e redes de internet conectaram-se entre si, tanto na informação que recebiam dos manifestantes como na difusão de informações e imagens da mídia pelo Twitter e celulares.

E quando o regime tentou quebrar a comunicação livre que alimentava o movimento, deu-se uma verdadeira batalha pela comunicação que é cheia de lições para o futuro da relação entre comunicação e poder. Porque Mubarak não se deteve diante de nada. Pela primeira vez na história, tentou a grande desconexão, o fechamento total da internet e das redes móveis e a recepção de satélite. Por outro lado, usou a violência para intimidar e subjugar os jornalistas. E fracassou. A grande desconexão não funcionou: não foi tecnologicamente possível porque se usaram canais alternativos, como a rede Tor; porque as linhas de telefone fixo se conectaram por modem com o exterior e de lá com o Egito, com ajuda do Google, Twitter e outros, por meio do Twitter, fax e rádio de ondas curtas; porque as perdas econômicas da incomunicação eram insustentáveis, e porque o país parou de funcionar.

Por seu lado, os jornalistas reagiram com uma coragem extraordinária e mantiveram a informação, incluindo subindo o tom de suas críticas ao regime. Foi significativo nos EUA que um Anderson Cooper, cabeça visível da CNN, saiu tão indignado com o que viu e com as pancadas que levou que tranasformou a CNN em plataforma de denúncia de Mubarak e de crítica à timidez de Obama, o que foi determinante na mudança de atitude do governo dos EUA. Esta mudança teve um papel chave na intervenção do exército para destituir Mubarak e abrir uma transição democrática.

O exército foi o fator determinante, mas só porque a revolta popular, legítima e pacífica, sem tons islâmicos nem liderança política, criou uma situação em que só uma repressão maciça e sangrenta poderia conter a mudança. Uma repressão desse nível chocava-se diretamente com o pedido expresso de Obama de que não se usasse a violência. Gates o repetiu várias vezes ao general Hafez Enan, chefe do Estado Maior e seu homem no Egito, consciente dos 1,2 bilhão de dólares por ano recebem. E por outro lado, os comandantes mais jovens não teriam seguido a cúpula corrupta militar que, no controle da situação, ainda pensa em manipular a transição em seu proveito. Mas o decisivo foi que os cidadãos, começando por alguns bravos, venceram o medo. E essa conquista se produziu nas várias redes de comunicação, na internet e nas ruas, onde eles construíram e sentiram sua comunidade.

Tradução: Eduardo Graeff

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Comentário de Augusto de Franco em 19 fevereiro 2011 às 17:43
Vejam a tradução do artigo do Castells feita pelo Eduardo Graeff.

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