Escola de Redes

I


Infografía de acá

Lo que sigue es un intercambio de mails con el amigo Rib referente a la posibilidad de utilizar la teoría de conjuntos para esquematizar sistemas sociales. Este era su post en cuestión.
Ante mi comentario me explica:

b U b complementario = V (universal)
b ∩ b complementario = vacío
V - vacío = "conjunto de todas las cosas ... que no existe"
V ∩ vacío (V complementario) = vacío ???
Como se ve ... el vacío es el complemento "absorbente" del conjunto universal.
"Peronistas son todos (menos yo)" J. D. Perón

A lo que yo le contesto con este mail:
Rafael
No es así.
Estamos superando la teoría de conjunto desde los fractales, un conjunto dado siempre tiene dimensiones de orden n donde n es Natural, allí está el error por que ello presupone un borde (rígido), cosa que el fractal se caga en ello. El fractal no tiene adentro ni afuera, crece o decrece, pero está adentro y afuera, Ud que sabe ingles mire esto http://blog.p2pfoundation.net/chapter-one-the-stigmergic-revolution...
Mi contradicción a Kevin Carson es justamente esa de concebir un átomo social y un conjunto social, como una dualidad onda - partícula, puez si ez onda no ez partícula, coño.
Mauro Wolf hace esa interpretación tan particular de la espiral del silencio que es pre clara: en un entorno de espiral del silencio las (personas, individuos, sujetos) priorizan "con quién estar" antes que "qué decir". Antes se decían que las masas eran bobas y carecían de inteligencia colectiva, error, también se decía que los individuos podían actuar atómicamente tipo Robinsosn Crusoe chupándoles un huevo de los demás. Tampoco es cierto. No es ni una cosa ni la otra, ni somos la abstracción del objeto unitario, ni tampoco el conjunto universal.
Pasado en limpio todo esto, nosotros, Ud y Yo no nos bancamos la espiral del silencio y desde chiquitos nos enseñaron que era pecado mortal mimetizarse con la plebe, es más era una negrada. Los peronistas han vivido de esa manera cagándose en los contratos desde siempre, y qué es un contrato: un contrato cualquiera sea su objeto, es una acuerdo hecho en palabras, sin palabras, en silencio puede haber corporativismo, cuerpo, pero no contrato.
Pero ahora nos dimos cuenta, Ud y yo que hemos estado equivocados y que el medio siendo el mensaje siempre ejerce presión que de alguna manera nos hace callar, o sea siempre hay espiral más o menos silenciosa, NO SE PUEDE DECIR TODO. Y si no-todo se puede decir, el silencio sería su Elemento absorbente de las palabras. La red que sostiene el sistema social es el mensaje, por ende su formato también determinará el mensaje: La red es el mensaje.
¿Cómo funciona esto en términos comunicacionales o informacionales?
Pongamos que tenemos un sistema social mas distribuido que centralizado o descentralizado y que por sus vínculos circula la información que determina ese sistema (ojo no es un conjunto, no tiene borde, ya va a ver). Aplicamos los postulados de la espiral del silencio informacionales que adapté al concepto de redes.

1- Existe en la red una amenaza permanente de cese del flujo de la información que enlaza a los agentes unos con otros, la posibilidad latente del cese de la comunicación, de quedar en el aislamiento.

2- Cada agente perecibe un nivel de flujo de información (streaming) que entiende como normal, la disminución o perdida de ese flujo es interpretado como un miedo a quedar incomunicado, aislado, fuera del juego. El aislamiento es el lugar por donde no circula información.

3- El temor a la incomunicación hace que cada agente vigile permanentemente la integridad de sus vínculos corroborando sus enlaces. Constata que por ellos circule información enviando mensajes y esperando respuestas. (los mensajitos de los adolescentes)

4- El resultado de esa evaluación le da una autorreferencia sobre donde está ubicado dentro de la topología de su red y de acuerdo a ella se va reposicionando.

5- Los distintos reposicionamientos en el tiempo configuran un Equilibrio de Nash que le confieren estabilidad como conjunto mientras que en su interior se operan continuos cambios. Es la homeostasis.

Lo que sigue en verde es una parte del libro que estoy escribiendo sobre Walsh donde explico eso:

Un día cualquiera apareció con un papel en donde había reseñado las posibilidades informáticas del enunciado de la Espiral del silencio. Su tesis es conocida, se basa en el hecho de que una persona, frente a una situación en donde le surja el temor a quedar aislado del resto de los suyos, preferirá callar antes de pronunciar una palabra contraria a lo que percibe "está diciendo el pueblo"; priorizará el “con quién estar” al “qué decir” en público, una especie de lo que mi vieja solía referirse con el: “mejor me callo” cuando no creía conveniente verter opinión sobre algún punto en conflicto con el que se podría gatillar algún altercado familiar. Su tesis era que a través del minucioso estudio de los dispositivos que operaran como aparatos silenciadores de la población, sería pasibles diseñar un ataque informático a muchos “objetivos” argentinos que siempre habíamos fantaseado atacar, todo esto enrolado en lo que comúnmente se llama ciberguerrilla o netwar.

Todos teníamos la paranoia de que por algún motivo, valedero o no y que en general se percibía como ajeno a nosotros, algún día todo lo que circulaba gracias a las redes fuera a disminuir o de hecho muriera si alguien le bajara la palanca. Que nos cortaran el chorro era nuestro terror, nuestro baile del Titanic, después de todo las conexiones físicas y las mangueras que cruzan el atlántico con fibra óptica estaban en manos de multinacionales a las que les sería demasiado sencillo borrarnos del mapa con una absoluta facilidad. Nos quedaban los nicks y la posibilidad de mantenernos clandestinos ocultando nuestras IPs para mitigar la posibilidad cierta de dejarnos aislados luego del cese de esa conexión que nos había permitido existir a través de red. Nada peor que eso, porque allí lo importante era estar conectado para saber que del otro lado del monitor también estaban los otros.

Para eso mandábamos mensajes y esperábamos respuestas como si de esa manera nos apartáramos, aunque sea por algún momento de la sensación de miedo que nos provocaba quedarnos solos y aislados. Porque también nuestra red había crecido; a diferencia de los circences que habían buscado lo real a partir de lo que habían construido desde las computadoras, a nosotros a la larga, mientras crecíamos en número, aquella pueblerina del asado y del Fernet se habría desnaturalizado completamente y ya casi nos habíamos apartado de aquel rito. Ese fue nuestro error creernos que todo esto duraría para toda la vida. Aquel intercambio inocente, aparentemente ambiguo y sinsentido era sin embargo, interpretado como la normalidad. Después de todo el aislamiento es aquel lugar oscuro por donde no circulan los mensajes y nadie quería ira a parar allí.

La consecuencia directa de este procedimiento fue la permanente búsqueda del lugar dónde cáda uno de nosotros estábamos parados en relación al resto de la red, una cosa muy dinámica que acorde a cómo nos íbamos percibiendo nos iríamos reposicionando, por eso estar en la red no era solo decir pelotudeces. Las pelotudeces tenían un doble propósito el de verificar nuestros enlaces y el de posicionarnos frente al espacio virtual. Porque lo que importaba no era qué decir, sino con quién estar. Y si vale una distinción entre las redes centralizadas que armaron las guerrillas de los sesentas-setentas y las nuestras era: que ahora el discurso no importaba tanto como el estar dentro. Haciendo de nuestra red un bazar de alguna manera habíamos solucionado aquel problema del peronismo que había planteado Walsh, la catedral de la ideología había quedado decididamente relegada para otras religiones. Nuestra estrategia no había consistido en mandar al peronismo al museo, básicamente fuimos adoptando sus formas y utilizando sus uniones para amalgamarnos con ella: la red descentralizada del peronismo.

De esta manera se mantenía un precario equilibrio, la red se agrandaba y se segmentaba de acuerdo a los avatares a los que la realidad nos iba sometiendo y a los desequilibrios que se nos producían adentro de la red; cuanto más presión se ejerciera sobre nosotros menos tiempo tendríamos para reacomodarnos a los nuevos tiempos, por eso para hacerla pelota no era necesario tirarle un bombazo como pretendió hacer Zeldillo con el EZLN, solo es preciso perturbarla constantemente para que nunca logre acomodarse. Sin que nadie nos conteste del otro lado, nos aburriríamos y cada uno se volvería a lo suyo abandonando la militancia en la red. De hecho esto fue lo que al final sucedió.

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