Escola de Redes

Del círculo de baba a la pirámide VII

Una mirada hacia lo órfico

Dice Raúl E. Romero en un gran texto sobre Antônio Botto;

“El poeta, dramaturgo y cuentista António Botto (1897- 1959) fue un hombre singular, cosmopolita, transgresor, dandista, desinhibido, marinero, sensible y valiente. Sus poemas van desde la total euforia del placer, a la expresión más patética y dolorosa de la existencia , van desde la perdida del amor y la fe, a la observación minuciosa--casi barroca-- del cuerpo masculino; desde la descripción sinestésica de encuentros sexuales, al más auténtico narcisismo.”

Lo imperfecto, lo chingado en Botto es su estética que no se ajusta a los moldes o estereotipos de su época. Agrega Romero que Botto al igual que

otros dos grandes exponentes de la literatura de carácter homosexual dentro del Modernismo portugués-- sufrió la persecución y la condena del poder sexista y homofóbico de la Europa de principios del siglo XX.”

“Fernando Pessoa, definió el poemario Canções como el ejemplo máximo de una nueva conciencia de aceptar la imperfección como un acto único y maravilloso.”

No me pidas más canciones
Porque al cantar voy sufriendo;
Soy como las velas del altar
Que dan luz y van muriendo.

Y tal vez lo que nos despierte mayor interés del artículo de Romero sea cuando se refiere específicamente a la estética de Botto:

La estética bottiana representa un desafío a la estética tradicional. Si ésta exigía orden, aquella demanda caos, subversión del modo como las cosas se presentan a nuestros ojos. Al poeta le interesa transformar el orden en caos, no satisfacer el instinto de conservación, sino el de subversión, no intentar la superación de las pasiones, sino el desenfreno de los instintos, no alienarse con la tendencia de la conjunción, sino a la disyunción. El poeta viola las reglas de juego establecidas e inventa otras que el lector debe descubrir cada vez. Su rompecabezas estético es un problema a resolver, pero que en realidad carece de verdadera solución, ya que las normativas del poeta y del lector no son las mismas. Su lengua se empeña en destruir la moral existente, la vida “normal” y respetable, a la vez que la recrea imponiendo su sello propio, único, diferente de comportamiento biológico, sexual, moral, otra respetabilidad... o la no respetabilidad total. Botto ofrece en su poesía homofílica una alternativa a la solución catártica y moralizante de la literatura masculinizadora y erosexista nos ofrece la satisfacción de nuestros más bajos instintos: venganza, lujuria. Satisfacernos, en una palabra, observando la actividad perversa de los otros... y la nuestra.

La estética, en este caso no hace referencia a lo bello sino a las posibilidades de la percepción gozosa desde lo individual como es el caso desde la óptica de Botto; estética que por otro lado conforma cuerpo. Una red constituye un cuerpo conformado a partir de la interrelación de sus componentes, la estética es el diseño de ese cuerpo, la forma que se dan sus elementos para funcionar, por lo que la belleza en este caso tiene que ver con lo que “nos hace funcionar”, lo que nos aporta el gozo de compartir un cuerpo común.

Romero cita que la poesía del modernista lusitano recuerda las palabras de Herbert Marcuse cuando dice:

“La tradición clásica asocia a Orfeo con la introducción de la homosexualidad. Como Narciso, él rechaza el Eros normal, no por el ideal estético, sino por un Eros más completo. Como Narciso, protesta contra el orden represivo de la sexualidad procreativa. El Eros órfico y narcisista es hasta el fin la negación de este orden. Se reivindica la emancipación del yo de las restricciones propias del principio de actuación, integrado en una organización represiva de la sexualidad, para dar cabida a los instintos destructivos. Es clara la protesta contra la organización de la vida basada en la lógica y se preconiza el retorno de lo reprimido. Se restablece la función crítica de la fantasía que se niega a aceptar las limitaciones impuestas sobre la libertad y la felicidad por el principio de la realidad. Este rechazo encuentra a su más firme aliado en el surrealismo de la fantasía erótica. Frente a la correlación de Freud: represión-instintiva-trabajo socialmente útil-civilización, propone la liberación instintiva. Frente a Prometeo, símbolo del esfuerzo y la fatiga, la productividad y el progreso mediante la represión, toda la poesía homoerótica y en este caso particular la poesía de Botto, enarbola la bandera de Orfeo y Narciso, imágenes del gozo, de la voz que canta, la liberación del tiempo y el lazo unitivo del hombre con la naturaleza; del Nirvana concebido como vida y no como muerte. El único orden al que se apunta es al de la gratificación, que crea un Eros libre, y la productividad se reduce a voluptuosidad, juego y canto. "En el mundo simbolizado por el héroe cultural Prometeo, ellos son la negación de todo orden; pero en esta negación, Orfeo y Narciso revelan una nueva realidad, con un orden propio, gobernada por diferentes principios. El Eros órfico transforma al ser: domina la crueldad y la muerte mediante la liberación. Su lenguaje es la canción y su trabajo el juego".

Y concluye que:

“La estética de Botto es una estética de lo obsceno, lo marginal, lo erótico per se, lo libertario, una estética completamente órfica y narcisista que pretende, pues, reconciliar las facultades superiores e inferiores; o sea, la sensualidad y el intelecto, el placer y la razón. Su proceso cognoscitivo es sobre todo sensual, su disciplina literaria la que opera bajo el impulso del juego. Su lógica la de la gratificación y no la de la represión, y su arte se ha comprometido con el principio del placer. La libertad estriba en salirse de la realidad establecida sin sentirse constreñido ni por la ley ni por la necesidad. La verdadera civilizaci6n será el recreo y no el esfuerzo y la renuncia. La abolición de todos los controles que la supuesta civilización ha impuesto sobre la sensualidad, tiene su manifestaci6n más inmediata en la sexualidad, que genera relaciones eróticas entre los individuos. La resexualización del cuerpo, en sus manifestaciones polimórficas, tiende a la destrucción de la familia monogámica y a su constreñimiento bajo la supremacía genital, a la abolición de la prole familiar, siempre enmarcada en el orden socioeconómico del matrimonio.”

¿Será así? ¿Lo de Romero no será un panfleto homosexual o vale la pena seguir adelante con la exploración de lo órfico?

La estética órfica no es bella (¿bizarra?), es distinta. Está destinada a lo individual, o mejor dicho se enfoca en la forma que hace funcionar otros universos o microcosmos como el de las minorías sexuales como la de Botto o cualquier otro que eche mano de lógicas no usuales que, al compartirlas con otros, se convierten en comunes. Es el universo de lo pequeño.

En esta línea dos textos David de Ugarte son de imprescindible lectura: Épica y lírica en el relato de los blogs y este otro La lírica, la felicidad y el poder de las redes. En el primero De Ugarte cita un ensayo del escritor Patrick Süskind: Sobre el amor y la muerte, y dice: Patrick Süskind confronta al lírico Orfeo -humano y creador mítico de las primeras canciones- con el épico Jesús de Nazaret.

“[Orfeo] había perdido a su joven mujer mordida por una serpiente venenosa. Y está tan desconsolado por la pérdida que hace algo que puede parecernos demente, pero también completamente comprensible. Quiere devolver a la vida a su amada muerta. No es que de por sí pusiera en duda el poder de la muerte ni el hecho de que le correspondiera la última palabra; y mucho menos trata de vencer a la muerte de una forma representativa, en beneficio de toda la Humanidad o de una vida eterna. No, sólo quiere que le devuelvan a ella, a su amada Eurídice, y no para siempre y eternamente, sino por la duración normal de una vida humana, a fin de ser feliz con ella en la Tierra. Por eso, el descenso de Orfeo al Submundo no debe interpretarse en modo alguno como una empresa suicida, sino como una empresa sin duda arriesgada, pero totalmente orientada a la vida y que incluso lucha desesperadamente por la vida (…)

Hay que reconocer que el discurso de Orfeo se diferencia de forma agradable del rudo tono de mando de Jesús de Nazaret. Jesús era un predicador fanático, que no quería convencer sino que reclamaba un vasallaje sin condiciones. Sus manifestaciones están salpicadas de órdenes, amenazas y el reiterante y apodíctico “pero yo os digo”. Así hablan en todos los tiempos los que no aman ni quieren salvar a un solo hombre sino a toda la Humanidad. Orfeo sin embargo, sólo ama a una y sólo a ella quiere salvar: Eurídice. Y por eso su tono es más conciliador, más amable (…)

El nazareno nunca comete errores. E incluso cuando parece cometerlos -por ejemplo al admitir a un traidor en su propio grupo-, el error está calculado y forma parte del plan de salvación. Orfeo, sin embargo, es un hombre sin planes ni habilidades sobrehumanas y, como tal, capaz en cualquier momento de cometer un gran error, una horrible estupidez… lo que hace que nos resulte otra vez simpático. Se alegra traviesamente -¿quién podría tomárselo a mal?- de su éxito. Ha conseguido algo que, antes de él, nadie había logrado”

Como resumen de Ugarte señala en el segundo de los textos la diferencia entre las categorías de lo épico y lo lírico:

“El esfuerzo épico es el esfuerzo por obtener una identidad coherente sobre la confrontación, por hacer enemigo de todos lo que es enemigo de uno. Por eso la épica simplifica y homogeneíza. Pero la lírica nos dice que no reside nuestra identidad en lo que es, sino en lo que vemos posible alcanzar, en la felicidad del siguiente cambio, de la siguiente mejora posible. Invita pues a definirnos sobre el siguiente paso, a llevar la bandera cada cual de nuestro propio curso. Invita a hacer camino, cada cual el suyo, no a aceptar un único camino.

Por ello la épica ve lo colectivo como organización, como molde, como ejército, como resultado de un plan o una voluntad trágica. El Ché cuenta Bolivia como un Cristo sufriente abandonado por el pueblo-padre. La lírica relata lo colectivo desde lo común, como la magia (a Orfeo atribuían los griegos por cierto su invención), como la imagen resultante de un rehacerse de prácticas, de experimentos, de juegos.”

David Viñas hace el mismo entrecruzamiento de relatos que hace de Ugarte. Relaciona el discurso de Jesucristo, con el del Che y agrega en esta línea al de Rodolfo Walsh.

* En una última (o penúltima) instancia, si tuviera que simbolizar el itinerario de Walsh, echaría mano de escenarios de la Biblia. Con una cita de Daniel (profeta Daniel) arranca Walsh. Entonces, uno, el inicio como descifrador frente al semicírculo de los cortesanos de Nabucodonosor. Dos, hacia 1956, y mediante Operación, el camino hacia Damasco (camino a damasco de Pablo). Y tres, por último, con su carta abierta a la Junta Militar, en 1977, el sacrificio del Gólgota (Calvario o Gólgota).

Señala que los tres con su discurso épico van reduciendo su propio espacio al de sus corporalidades para luego entregarlas como el último territorio del discurso. La estética de estos relatos está siempre mediatizada, el caso del Che es notorio como influye la prensa en su: desde la foto de Korda a la del cuerpo ya muerto en Bolivia. En el caso de Walsh él escribe su propia sentencia mediática con la CARTA ABIERTA DE RODOLFO WALSH A LA JUNTA MILITAR. En el caso de Jesucristo sus relato lo conocemos a través de los evangelistas. Parecería que la estética épica necesitaría de una mediatización para propalarse, la órfica no ya que la mediatización es el relato.

¿Por qué estos tres personajes de la historia tienen el mismo final, el asesinato?

La épica necesita de un discurso cronológico, centrífugo y ordenado, la lírica en cambio, de un discurso recursivo y caótico. Del héroe conocemos sus retratos, sus costumbres, sus virtudes, su identidad se la conoce por su persona; del bardo poco se sabe, lo importante es su obra, su identidad se esconde en el colectivo. El paradigma del lírico es Asurancetúrix, el molesto bardo del pueblo de Asterix.

Parecería que cuando el héroe épico en su confrontación agonal no logra consenso es castigado

De Ugarte hablando de los terroristas anónimos de la yihad islámica dice:

El objetivo de los atentados nunca es tanto conseguir un resultado inmediato, como mantener el camino de la yihad abierto y señalar la ruta a los demás.

Para terminar este largo post cabe agregar algo. Si la estética de la épica es simplificar y homogeneizar a partir de patrones dados, órdenes impuestos, en definitiva de lo que estamos hablando cuando hablamos de este diseño de red es de una canalización y direccionamiento de los flujos internos de la red en un sentido dado funcional a la gesta épica. La lírica en cambio no nos promete nada, nos invita pues a definirnos sobre el siguiente paso y señalar ese laso a los que vienen atrás.

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Comentário de Marcelo Estraviz em 4 abril 2010 às 21:26
Fantástico, Boyle! Mucho por leer (falta que yo lea los links) pero tu artículo está genial y sabroso. Saludos del amigo "Estravix" :)

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